Sepúlveda (Segovia)

Retrato en una calle de Sepúlveda
Sepúlveda

Una villa medieval junto a las hoces del río Duratón. Está declarada como conjunto histórico artístico. Un lugar para disfrutar del entramado de calles medievales y para transportarse al pasado, sin duda, recomendada 100%.


En la Edad del Hierro, Sepúlveda surge como un castro céltico de la tribu de los arévacos. Roma también se asentó en Sepúlveda aunque no se sabe exactamente en qué punto. De la época visigótica es la Necrópolis excavada en Duratón, con 666 sepulturas con ajuares casi totalmente germánicos. La primera mención histórica de la villa de Sepúlveda aparece en la “Crónica de Alfonso III”, como uno de los lugares que fueron despoblados en las correrías de Alfonso I. Su repoblación por Fernán González, en el año 940, representó un audaz avance hacia el sur, más allá del Duero. El Abad de Arlanza, Fray Gonzalo de Arredondo, nos cuenta su leyenda heroica, con la lucha cuerpo a cuerpo entre el conde de Castilla y el Alcaide moro Abubad, a quien Fernán González cortó la cabeza, la cual está esculpida en la fachada de una de las casas blasonadas de la villa, llamada precisamente “La Casa del Moro”. Almanzor fracasó en su tentativa de ganar la villa el año 979, pero lo consiguió el 984 o el 986, volviendo a recuperarla definitivamente Sancho García, nieto de Fernán González, en el año 1010.

En el año 1111, en el Campo de la Espina o Candespina, hoy Fresno de Cantespino, Alfonso I de Aragón y el conde Enrique de Portugal vencieron a la mujer del primero, Dª Urraca. El evento fue trascendente para la independencia portuguesa y, como consecuencia del mismo, Sepúlveda estuvo algún tiempo bajo dominio aragonés. En el año 1468 se expulsa de la villa a los judíos y en 1472 se reconoce la soberanía de los futuros Reyes Católicos, impidiendo por dos veces y por la fuerza la entrada de Enrique IV en el municipio. Durante la Guerra de la Independencia, El Empecinado realizó incursiones por la zona, teniendo sus cuarteles en las cuevas del Cañón del Duratón. También merece destacarse la resistencia numantina contra Napoleón en el otoño de 1808.

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